¿Qué pasaría si a Pepe Chedraui Budib los Reyes Magos sí le cumplieran el pedido y, milagro político mediante, apareciera ungido como candidato a la reelección por la alcaldía de Puebla en 2027? Justo eso que —casualmente— dice no querer, pero que practica como si ya estuviera escrito en el guion. No por nada su reciente y profundo baño en las aguas morenistas con la dirigente del partidazo.
El asunto es de aritmética de poder: el actual presidente municipal no pertenece al grupo que hoy gobierna la entidad. Si lograra un segundo periodo, el armentismo perdería tracción, pues Chedraui obtendría el boleto dorado para competir en 2030 por la gubernatura. Los equipos políticos lo buscarían a él; el círculo rojo bailaría en torno a él.
Pero el grupo en el poder no está dispuesto a soltar la zona conurbada. La apuesta es clara: entregar la mayor cantidad posible de diputaciones federales al proyecto de Claudia Sheinbaum.
Ya ocurrió algo similar en las intermedias de 2021. En aquel entonces se perdieron las dos Cholulas, Cuautlancingo y la Angelópolis. Miguel Barbosa presumía su amistad con el panista Eduardo Rivera cada vez que tenía un micrófono enfrente, pero, aun así, Barbosa entregó resultados: la mayoría de las curules federales quedaron en manos de Morena.
Lo que realmente sucedió en 2021 fue que Claudia Rivera Vivanco no podía ganar. De hacerlo, se habría convertido en una piedra en el zapato para Barbosa, sin olvidar que sus primeros dos años de gestión fueron, siendo generosos, un desastre administrativo.
Hoy el panorama es distinto. El nombre que más pesa en las encuestas en el rubro de conocimiento es el de Chedraui, simplemente porque gobierna la ciudad. No discutimos aquí si lo hace bien o mal, ni cuánto entusiasmo genera. Esa información ya debe estar bien archivada en el escritorio del gobernador, en el restaurante donde despacha la dirigencia estatal y, por supuesto, en Palacio Municipal.
El equipo armentista juega con dos cartas: los llamados “Dos García”, Laura Artemisa García Chávez y José Luis García Parra. Sin embargo, es un hecho que ninguno de los dos sería lanzado al ruedo si Morena llegara debilitado. En ese escenario de emergencia, no dudarían en recurrir a perfiles probados, como el propio Chedraui o la sempiterna Rivera Vivanco, que —como sabemos— siempre va por todas.
Armenta no es un político al que le guste perder. Hay quienes aseguran que buscará el carro completo para asegurar herencia política y continuidad. El problema es que concentrar el poder es una ciencia exacta y difícil: ganar todo es complicado; mantenerlo, una proeza. Sobre todo cuando los factores nacionales también mueven el tablero. Puebla, aunque algunos quieran creerlo, no es una isla.

