Puebla, Pue. — No es una herramienta más. La tecnología actual es, en esencia, una «decisión humana congelada». Bajo esta premisa, Marcelo García Almaguer ha lanzado una alerta sobre los riesgos de la Inteligencia Artificial (IA) y la urgencia de recuperar el pensamiento crítico antes de que los algoritmos decidan por nosotros.
Desde la Agencia de IA de la BUAP, se plantea un debate que trasciende lo técnico: el peligro no son las máquinas que piensan, sino los humanos que dejan de hacerlo.
Sesgos y algoritmos: El rostro invisible de los riesgos de la IA
Uno de los mayores riesgos de la Inteligencia Artificial radica en su supuesta neutralidad. García Almaguer advierte que detrás de cada línea de código hay ideologías e intereses institucionales. Al automatizar procesos, también se amplifican los sesgos y prejuicios de sus creadores.
La IA ya no solo recomienda música; influye en:
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Campañas políticas y formación de opinión pública.
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Decisiones de consumo y relaciones personales.
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Sistemas de seguridad y justicia social.
Cuando una sociedad delega su criterio a un sistema automatizado, está delegando también su responsabilidad ética.

Gobernanza frente a la injusticia algorítmica
Para mitigar los riesgos de la Inteligencia Artificial, la gobernanza no debe verse como un freno burocrático, sino como una armadura social. A diferencia de otras revoluciones industriales, la IA se integró en nuestras vidas en tiempo récord, dejando atrás la capacidad de las instituciones para regularla.
«La IA no amplifica fuerza, amplifica criterios. Y un criterio sin ética se traduce en injusticia social», señala el análisis.
El factor humano como única solución
Citando a figuras como Noam Chomsky, se refuerza la idea de que enfrentamos un reto inédito. El mayor de los riesgos de la Inteligencia Artificial es la pérdida de la conciencia histórica. Por ello, la apuesta educativa debe centrarse en formar carácter y criterio, no solo operadores técnicos.

