Cada día que pasa es un día que favorece a Pepe Chedraui Budib en su intento de reelección. El alcalde capitalino ha sabido entender que no debe pelear con el gobernador Alejandro Armenta Mier, porque, como dice el lugar común, para bailar tango se necesitan forzosamente dos, y él no quiere echarse esa pieza de Carlitos Gardel en la pista.
Eso sí: entre más ataques recibe, él responde con más trabajo. Más calles inaugura, más colonias visita, más territorio hace. No replica: respira, atiende y sigue en la tarea de convencer a los ciudadanos de por qué sí debe haber reelección. Y lo más difícil, bajar los negativos, porque será el más conocido, pero tiene que luchar todos los días por conquistar a su electorado.
Tampoco está peleado con sus posibles contendientes. No cuestiona a Gabriela «La Bonita» Sánchez, ni a la profesora Laura Artemisa García, ni a Rodrigo Abdala, ni a los que surjan de último minuto, porque de algo está convencido: si la reelección le toca, los necesitará a todos; y si la suerte no juega a su favor, quien quede tendrá que llamarlo, porque a nadie le conviene un alcalde de brazos caídos.
Los números lo respaldan.
En todas las encuestas —publicadas o no, con matraca o sin matraca, para decirlo de algún modo— él va arriba. El problema es que la guerra es contra la marca Morena, y tanto él como quien quede tendrá que lidiar con su desgaste. Su ventaja es clara: como no ha atacado a nadie del gobierno estatal, le será más fácil reconstruir.
Algo es cierto: si bien el PAN juega a los rounds de sombra y a pelearse internamente, la elección de 2027 no será nada fácil. Nada sencilla. Morena resiente ya sus primeras caídas por el caso Rocha Moya, por Enrique Inzunza y demás linduras de ese partido.
No es una elección presidencial, y la economía no está tan boyante como presumían.
Los panistas juegan a corretearse la cola y a dar vueltas sin ton ni son; esa es la gran ventaja. Pero eso no significa que el electorado piense igual que en 2024. Esos son los verdaderos retos, tanto para el alcalde actual como para ese partido.
Ahora bien, la pregunta es: si Pepe Chedraui queda como candidato a la alcaldía de Puebla por Morena, ¿todos se sumarán a él? Porque, si lo atacan o se mantienen las divisiones internas, el daño no se quedará en la capital: se dará el efecto dominó, con repercusiones en las diputaciones locales y federales y en la zona conurbada. Pegarle al alcalde es dispararse en el propio pie.