Por: Isis Juro
Puebla ha vivido una transformación constante en los últimos años y se ha convertido en un epicentro educativo y laboral a nivel nacional, lo que conlleva un aumento poblacional importante y nos recuerda que todas las personas requieren llegar a sus hogares, centros de trabajo y centros educativos. Para que una transformación sea efectiva, debe pensarse en una ciudad que garantice que todas las personas puedan acceder, en condiciones de igualdad, a las oportunidades que ofrece el territorio.
Desde esta perspectiva, hablar de la construcción del Cablebús en Puebla implica ahondar en la capacidad de responder a uno de los mayores desafíos del siglo XXI: construir un sistema de movilidad incluyente, ambientalmente sostenible y territorialmente eficiente.
Diversos estudios internacionales, sustentados por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, han demostrado que, cuando un Estado invierte en una mejor movilidad urbana para sus ciudadanos, estos pueden reducir significativamente sus tiempos de traslado, por lo que su calidad de vida aumenta considerablemente al tener mayor acceso al empleo, la educación, los servicios de salud y mejores espacios públicos.
Beneficios ambientales del Cablebús
En términos medioambientales, de acuerdo con Martínez-Cadena et al. (2024), en su estudio Wavelet Analysis and Forecast of Pollutants in Puebla City, Mexico, se reconoce que el transporte público es uno de los principales emisores urbanos de CO₂ y otros contaminantes perjudiciales para la salud. Estos autores invitan a enfrentar de forma eficaz los desafíos ambientales que plantea la contaminación urbana.
La implementación de un sistema de transporte aéreo electrificado permitiría reducir de forma significativa los contaminantes que tienen serias consecuencias para la salud de la población, ya que este sistema implica cero emisiones locales y una reducción de la contaminación acústica, beneficios que, en comparación con los servicios de transporte público motorizado, resultan significativos. El impacto medioambiental de una política de transporte público debe pensarse en función de las generaciones futuras, pues ese es el elemento más importante de la responsabilidad política.
Las ciudades del siglo XXI no pueden seguir resolviendo los problemas de movilidad urbana construyendo más carriles para más vehículos. Casos como el de Medellín son un ejemplo de que invertir en transporte público ecológico, como el Cablebús, produce beneficios ambientales, económicos y sociales que van más allá de un ejercicio de movilidad. De eso se tratan las políticas públicas humanistas.
