Dice el escritor Paco Ignacio Taibo II que en la llamada Cuarta Transformación abundan los arribistas y los sapos. No sé por qué —o quizá sí—, la mente se me fue directo a San Pedro Cholula.
La semana pasada, por ejemplo, una nota de El Sol de Puebla, fechada el 13 de abril, advertía: “detectan 10 mil baches en San Pedro Cholula y alistan plan para repararlos”. Traducido al cristiano: tras año y medio en el cargo, la autoridad que cobra como presidenta municipal apenas descubrió que su “pueblo mágico” está lleno de hoyos.
Y no pocos: nada más diez mil. Como para perderse o para encontrarse, de golpe, con la realidad.
El problema es que quien hoy cobra como alcaldesa no puede recurrir al viejo truco de culpar a su antecesora. No esta vez. Paola Angon despacha ahora en la Secretaría de Gobernación estatal. Es decir: la coartada clásica del que no le sale se le cayó antes de siquiera intentar usarla.
¿Cómo estará Cholula que ha trascendido que Nay Salvatori ya no quiere ir por la alcaldía, como se había planteado originalmente? La diputada e influencer entendió el tablero: lanzarse hoy es cargar con los yerros ajenos. Y eso, en política, es suicidio. Por eso, dicen, su mirada apunta ahora a una diputación federal. No es un camino fácil, pero sí más realista y bastante menos peligroso.
Si va por la Ciudad Sagrada, el resultado en las urnas podría ser una madriza… sagrada. Porque sí hay inconformidad, sí hay molestia, sí hay abandono, aunque pocos lo admitan en el micrófono.
No hay que olvidar que Tonantzin Fernández estuvo a nada de perder en 2024. Hay quienes aseguran que una llamada —de esas que sí pesan— inclinó la balanza a su favor. Una decisión de escritorio cuyos costos, como casi siempre, terminan pagando los del pueblo bueno, diría el dueño de la marca Morena.
Seguramente, la actual presidenta municipal ya trae en la cabeza la reelección. En su círculo cercano, los números siempre salen bonitos. En la calle, no tanto, pero no le digan.
Pero volvamos al origen: los 10 mil baches. ¿Apenas? Asumió en octubre de 2024, tuvo todo 2025 para meterle mano al problema, y estamos a nada de que arranquen los chubascos. Los mayates de San Juan ya aparecieron como heraldos de la lluvia y apenas ahora alguien le avisó que hay diez mil hoyos que tapar.
¿Y ese diagnóstico tardío?
El problema —dicen— es que ella no necesariamente gobierna. Y conviene dejarlo por escrito: no se trata de violencia política de género ni de una descalificación personal, sino de un señalamiento sobre la forma en que se toman las decisiones públicas.
En los hechos, ella ejecuta; alguien más decide. Una especie de control remoto que marca el ritmo, las pausas y los silencios. Alguien aprieta un botón y se hace lo que se dicta.
Y tampoco hace falta una gran investigación: basta manejar por Cholula. El pavimento habla.
Cuando Alejandro Armenta Mier ha criticado a algunos presidentes municipales que no responden a las demandas ciudadanas, no es una opinión, es un diagnóstico que no todos entienden.
Y si alguien pretende llevar esto al terreno de lo personal, habrá que insistir: aquí no se cuestiona a la persona, sino al ejercicio del poder. La realidad se impone —y en Cholula se impone todos los días—, el discurso no tapa los baches.
Apenas se dieron cuenta de 10 mil baches, ¿es en serio?