Enero suele llegar con cansancio físico, culpa por los excesos y presión por “compensar” rápidamente lo vivido en diciembre. Especialistas en salud coinciden en que la llamada cuesta de enero no solo es económica, también es física y mental, y afrontarla con realismo es clave para evitar frustración.
Un plan de 7 días puede centrarse en lo básico: regular horarios de sueño, hidratarse mejor y retomar comidas completas sin dietas extremas. Dormir entre siete y ocho horas y reducir el consumo de azúcares refinados ayuda a estabilizar energía y estado de ánimo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En un horizonte de 15 días, se recomienda reincorporar actividad física moderada, como caminatas de 30 minutos, yoga o bicicleta. El objetivo no es bajar de peso de inmediato, sino activar el metabolismo y reducir el estrés acumulado. Estudios del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) señalan que el ejercicio regular mejora la salud mental y la concentración.
A 30 días, el enfoque debe estar en la constancia: alimentación equilibrada, movimiento frecuente y pausas para el descanso mental. Psicólogos advierten que eliminar la culpa es parte del proceso; los excesos ocasionales no definen la salud a largo plazo. Recuperarse en enero no implica castigo, sino regresar gradualmente a hábitos sostenibles.

