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Destacado

Gaby Sánchez: pelear para no volver a tener miedo

Zeus Munive
Última actualización: 2026/08/02 | 2:45 PM
Publicado por Zeus Munive Tiempo de Lectura: 15 mins
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Una agresión durante la adolescencia la llevó al gimnasio. Después llegaron la maternidad, las derrotas, el título Plata del Consejo Mundial de Boxeo y la política. Hoy, como secretaria de Deporte y Juventud de Puebla, Gabriela “La Bonita” Sánchez deja abierta la puerta al cuadrilátero electoral de 2027.

 

Por Zeus Munive

Los automóviles pasaron de largo. Ninguno se detuvo.

Gabriela Sánchez caminaba hacia la escuela por una calle sin alumbrado cuando distinguió a un hombre que avanzaba en sentido contrario. Al principio creyó que era algún compañero. Cuando lo tuvo cerca vio que llevaba el rostro cubierto. El desconocido la empujó contra una pared, le levantó la falda y comenzó a tocarla.

Gabriela quiso gritar, pero las palabras no salieron.

Cuando el hombre la soltó, continuó caminando en dirección a la casa de ella. Gabriela quedó paralizada, incapaz de decidir si debía regresar o seguir adelante. Eligió ir a la escuela. Pasó el resto del día en silencio y por la tarde se lo contó a sus padres.

Su padre se enfureció, primero consigo mismo. Durante los días siguientes salió detrás de ella con la esperanza de encontrar al agresor. Gabriela, sin embargo, no podía recordar su rostro. La memoria había conservado el miedo, pero borrado las facciones.

Entonces su padre hizo algo que terminaría por cambiar la vida de su hija: la llevó a un gimnasio de boxeo.

No era la primera vez que Gabriela experimentaba la violencia. En la secundaria, la madre de unas compañeras la había golpeado por un conflicto que ni siquiera le pertenecía. La mujer y sus hijas vivían cerca de su casa. Desde entonces, salir a comprar las tortillas podía convertirse en una expedición atravesada por el temor.

En el bachillerato, una compañera la provocó dentro del salón de clases. Cuando intentó defenderse, varios estudiantes la rodearon. La jalonearon, le rompieron el uniforme y uno de los muchachos comenzó a patearla.

Gabriela era la menor de cinco hermanos y, según ella misma se describe, la consentida y la más llorona de la familia. Su padre, herrero de oficio, tampoco estaba convencido de que una hija pudiera encontrar futuro en un deporte de contacto. Pero comprendió que debía darle algo más útil que la promesa de acompañarla todos los días.

“Mi papá me dio la mejor herramienta que un padre puede darle a un hijo”, recuerda. “Me llevó a practicar un deporte en donde pude tener más confianza y seguridad”.

Ese deporte fue el boxeo.

La Campeona Gaby » la Bonita» Sánchez

Aprender a ocupar el espacio

Al principio, el gimnasio tampoco fue un refugio perfecto.

Gabriela comenzó a entrenar en 2012, cuando las peleas femeninas todavía solían presentarse como relleno antes de los combates estelares de los hombres. En el gimnasio escuchó a señores aconsejarle que regresara a su casa y ayudara a su madre en la cocina. Otros le advertían que terminaría con la nariz deformada.

Nadie que hiciera esos comentarios conocía la historia que la había llevado hasta ahí.

Tampoco todos la rechazaron. Algunos entrenadores comenzaron a descubrir que aquella adolescente no se encogía cuando recibía un golpe. La llevaron a otros gimnasios, la enfrentaron en sesiones de sparring con distintas boxeadoras y después llegaron los torneos y la Olimpiada Nacional.

El boxeo transformó algo más que su cuerpo. Gabriela comenzó a sentirse segura. Por primera vez pudo caminar con la impresión de que no estaba completamente indefensa.

También conoció un mundo que hasta entonces le había resultado ajeno. Su padre trabajaba como herrero y su madre había sido empleada durante años del antiguo Hotel Mesón del Ángel. Con cinco hijos, viajar era un lujo improbable. Gracias a las competencias, Gabriela visitó Veracruz y Oaxaca, conoció el mar y subió por primera vez a un avión.

La posibilidad de viajar era una recompensa. La disciplina era el precio.

En la televisión aparecían Mariana “La Barbie” Juárez y Ana María Torres. En los torneos, Gabriela observaba a otras mujeres golpearse sin concesiones y abrazarse después de la campana. Entendió que el boxeo no era una pelea callejera ni una descarga de odio. Era una forma de ocupar un espacio que durante demasiado tiempo les había pertenecido a los hombres.

Pero la prueba más difícil llegaría fuera del ring.

Una carriola y 5.50 pesos

Gabriela fue madre a los 19 años. Las opiniones aparecieron antes que cualquier ayuda.

Le dijeron que no terminaría sus estudios, que debía abandonar el deporte y que su carrera había terminado antes de comenzar. Durante el embarazo vio por televisión a una antigua compañera de la Olimpiada Nacional enfrentarse a una hermana de “La Barbie” Juárez.

Se volvió hacia su madre y le dijo:

—Quiero regresar a entrenar.

La respuesta fue una advertencia y, al mismo tiempo, un voto de confianza:

—Ahora tienes que echarle el doble de ganas, porque ya tienes a alguien que va a seguir tus pasos.

Tres o cuatro meses después del nacimiento de su hijo, Gabriela regresó al gimnasio. Lo hizo despacio, reconstruyendo el cuerpo y la condición física, pero con una obstinación que su familia ya conocía.

Algunos días solo tenía 5.50 pesos, lo suficiente para pagar un pasaje de autobús. Para no imponerles otra carga a sus padres, caminaba hasta el gimnasio empujando la carriola de su hijo y cargando la maleta de entrenamiento. Por la noche, su entrenador la ayudaba a subir al autobús con el niño, la carriola y el equipo. Su madre la esperaba en la parada más cercana a casa.

No hay música épica en esa escena. Tampoco reflectores. Solo una madre joven caminando por Puebla porque no podía pagar dos pasajes y porque se negaba a abandonar una idea.

“Siempre fue la intención de salir adelante y darle a mi hijo algo mejor de lo que yo tuve”, dice.

En 2017 debutó como boxeadora profesional en el Salón Serdán de Puebla. Al mismo tiempo estudiaba Diseño Gráfico, aunque la universidad también terminó recordándole las dificultades de ser madre. Cuando un profesor pedía formar equipos, algunos compañeros bromeaban con no elegirla porque no tendría tiempo para reunirse.

Gabriela se reía con ellos, pero los comentarios comenzaron a pesarle. Suspendió sus estudios durante un año y concentró sus esfuerzos en el boxeo. En ese periodo disputó seis combates.

Su primera pelea televisada, pactada a ocho asaltos, fue contra Lourdes Juárez, hermana de “La Barbie”. Gabriela apenas disputaba su quinto combate profesional; su rival acumulaba más de una veintena. Perdió, pero el resultado importaba menos que la distancia recorrida: estaba frente a una integrante de la familia que había observado por televisión cuando todavía intentaba convencerse de regresar.

Arriba del ring, la admiración debía esperar.

Gaby "La Bonita" Sánchez

La derrota que casi terminó con todo

Durante años, Gabriela aprendió a llamar “aprendizaje” a las derrotas. Hubo una, sin embargo, para la que esa palabra resultó insuficiente.

Fue ante Kenia Enríquez. El enfrentamiento había acumulado provocaciones y mensajes en redes sociales. Gabriela llegó convencida de que podía ganar. Había realizado su preparación en el clima frío de Toluca y viajó poco antes del combate a la costa de Nayarit. El calor, asegura, terminó por vaciarla.

Durante la pelea veía venir los golpes como si ocurrieran en cámara lenta, pero su cuerpo no respondía. El combate terminó antes del límite.

Después pasó una semana llorando en casa. No quería ir a la escuela de su hijo porque le avergonzaba encontrarse con las maestras y los otros padres. Por primera vez pensó seriamente en dejar el boxeo.

“Cuando ganas, todo mundo está ahí mandándote mensajes”, dice. “Y cuando pierdes, nadie te escribe, pero así te critican”.

La derrota le mostró una parte del deporte que los entrenamientos físicos no resuelven. Gabriela buscó a una psicóloga deportiva. Aprendió a separar el ruido de las redes, las expectativas de los patrocinadores y la necesidad de demostrar algo a los demás.

Volvió a pelear. Perdió otra oportunidad por un título, pero esta vez bajó satisfecha del cuadrilátero. No había ganado, aunque tampoco se había traicionado.

El 2 de junio de 2023 enfrentó a Ángela “La Chiquita” Nolasco. Después de diez asaltos, obtuvo una decisión mayoritaria y conquistó el título Plata de peso mosca del Consejo Mundial de Boxeo. Es importante la precisión: se trata del campeonato Plata del CMB, no del título mundial absoluto. La victoria y el resultado aparecen documentados en la crónica de la pelea y en el registro del combate.

Gabriela pensó entonces en los años de gimnasio, las derrotas, la maternidad, los trayectos con la carriola y las veces que le aconsejaron dedicarse a otra cosa.

“Ese día dije: hoy lo cumplí, hoy lo logré”.

El capital de una historia

Antes de la pandemia abrió un gimnasio. Algunos jóvenes podían entrenar sin pagar. Gabriela evita presentarlo como caridad. Dice que cuando algo se hace de corazón no es necesario anunciarlo.

Entre quienes llegaron había un muchacho que sufría la violencia de un padre alcohólico. Gabriela y su equipo lo apoyaron para que continuara entrenando. Con el tiempo se convirtió en boxeador profesional, consiguió trabajo y comenzó a impartir clases a niñas y jóvenes.

“No siguió el camino”, dice ella. “Rompió esa cadena”.

La frase resume buena parte de su discurso público. Gabriela visita secundarias y preparatorias para hablar de acoso, violencia, disciplina y resiliencia. Algunas estudiantes se acercan después de las conferencias para contarle que también viven bullying y preguntarle qué pueden hacer.

Su biografía ha dejado de ser solamente un recuerdo personal. Es también un mensaje institucional y, de manera inevitable, un capital político.

Gabriela Sánchez es actualmente secretaria de Deporte y Juventud del Gobierno de Puebla. Su trayectoria deportiva, sus medallas nacionales y el título Plata del CMB aparecen en su perfil oficial. Antes fue regidora en el Ayuntamiento de Puebla y llegó al gabinete estatal después de que el área deportiva se transformara en secretaría.

La jornada comienza antes que la oficina. Se levanta alrededor de las cinco de la mañana, prepara las cosas de su hijo, lava ropa y sale a correr. Después entrena en el gimnasio y, cerca de las nueve, comienza su trabajo como funcionaria. Por la tarde recoge al niño, regresa a sus actividades y procura mantener el entrenamiento.

Cuando acepta una pelea solicita licencia. Dice que no quiere que su carrera deportiva interfiera con sus responsabilidades públicas.

En la entrevista enumera como resultados de la administración la liquidación de una deuda con la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, la creación de la Secretaría y la organización de competencias nacionales. También insiste en que el deporte debe funcionar como una herramienta contra las adicciones, la violencia y la deserción escolar.

Es un discurso que parte de la política pública, pero regresa siempre a la experiencia personal: una adolescente tuvo miedo de caminar sola; después encontró un gimnasio y comenzó a confiar en su cuerpo.

El siguiente ring

La pregunta sobre 2027 aparece varias veces. Gabriela no anuncia una candidatura, pero tampoco cierra la puerta.

Habla como deportista y como funcionaria. Dice que cada día representa una pelea distinta y que ahora está concentrada en la encomienda del gobernador Alejandro Armenta. Cuando la pregunta se vuelve más directa, responde con una frase cuidadosamente construida:

“Yo voy a estar en el ring que la gente me ponga. Donde la gente quiera que yo esté, ahí voy a estar, peleando por todas y por todos”.

Es una respuesta de boxeadora, pero también de política.

En el cuadrilátero hay reglas visibles: tres minutos por asalto, una campana, un árbitro y un resultado. En la política, los límites son menos claros y las victorias suelen depender de quién cuenta la historia.

Gabriela Sánchez ya tiene una: la de una muchacha de La Libertad que caminó al gimnasio con una carriola porque solo podía pagar un pasaje; la de una madre a la que le dijeron que su vida deportiva había terminado; la de una boxeadora que estuvo a punto de retirarse después de una derrota y regresó para conquistar un cinturón Plata.

El siguiente combate todavía no está anunciado.

Pero ella ya está sobre el ring.

 

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