La creación de la Agencia de Inteligencia Artificial en la BUAP viene a poner fin —o al menos a incomodar— a gurús, charlatanes, influencers y vendedores de humo que pululan en redes sociales. Algunos se presentan como consultores; otros se suben al tren de un fenómeno que, en realidad, desconocen, aunque firmen libros escritos con alguna aplicación.
Muchos prefirieron irse por la grilla ante la llegada de Marcelo García Almaguer a la Benemérita. Optaron por encasillarlo en grupos o revisar su pasado político; algunos, incluso, lo tomaron personal y sacaron a relucir viejos rencores. Omitieron el tema de fondo: una de las instituciones de educación superior más importantes del país ha creado un verdadero laboratorio para desarrollar investigación y proyectos productivos.
Es crucial detenerse en el impacto económico y laboral —el periodismo atraviesa una crisis real ante la IA—, así como en el Derecho. No sólo en la aplicación de la ley, sino en la impartición de justicia, considerando que los algoritmos carecen de conciencia o ética. Como advertía Cicerón: summum ius, summa iniuria; es decir, máxima ley, máxima injusticia.
Ese principio debería ser revisado por los diputados locales que, ante cualquier incidente, proponen más candados, como si por decreto la gente dejara de delinquir. ¿Pero qué se puede esperar de legisladores más preocupados por su vestimenta que por su trabajo? No nos desviemos.
La máxima casa de estudios del estado abrió su agencia de IA y, como corresponde a la academia, ahí se debatirá la validez y los límites de su uso. Hoy no sólo los alumnos hacen tareas con inteligencia artificial: también hay profesores que ya no leen los textos y delegan la calificación a sus propias herramientas automatizadas.
El riesgo es evidente, al dejar de leer y escribir, el ser humano pierde habilidades cognitivas esenciales. ¿Cómo evitar que los datos personales sean insumo de sistemas programados para manipular? Esa es una de las interrogantes que deberá responder la Agencia.
Hoy es posible predecir el voto de un ciudadano o detectar su enojo con el gobierno. Ahí están proyectos como Cambridge Analytica o movimientos como QAnon. Manipular las redes es más sencillo de lo que admitimos y cualquiera, como buen cordero digital, puede caer en la trampa.
Por eso, un laboratorio de IA que impulse la academia trasciende. Si logra resultados, los veremos pronto. El equipo de García Almaguer, con el respaldo de la rectora Lilia Cedillo Ramírez, puede sorprender a propios y extraños. Sus credenciales académicas están a la vista; no es ningún improvisado. Hace apenas unos días explicó a directores de medios la historia de la IA, los alcances de la agencia y los proyectos en desarrollo.
La lectura debe superar la grilla local, porque esa agencia trascenderá a quien esté al frente. A los periodistas, a veces, se nos olvida ver el bosque por mirar el árbol… incluso cuando el bosque ya ha sido talado.

