No es lo mismo la “pinche señal” que “La Señal”
O sea, es lo mismo, pero no es igual (con perdón de don Silvio Rodríguez).
Porque no es lo mismo que te paguen un pinche salario a que te paguen tu salario; no es lo mismo ese pinche candidato que el candidato; no es lo mismo decir “qué pinche comida” que, simplemente, la comida.
En aquel lejano 2003, cuando Germán Sierra Sánchez fue intervenido telefónicamente por los marinistas, lo dijo con claridad: “¡La pinche señal no llega!”. Es decir: el gobernador Melquiades Morales Flores no le estaba confirmando que él sería el candidato del PRI a la gubernatura. Y Sierra se quedó esperando, efectivamente, la pinche señal. Aunque, si lo vemos en perspectiva, sí le llegó… porque no le tocó nada.
“La Señal” —la verdadera— terminó siendo para Mario Marín, quien finalmente se convirtió en candidato y gobernador. De ahí en adelante, la historia ya la conocemos todos.
Hay que agradecerlo: Germán Sierra hizo un gran aporte al léxico de periodistas, políticos y hasta del clero poblano. Lo hemos convertido en un lugar común: “ya llegó la pinche señal: ya me pidieron mis papeles para una obrita”, “ya le recé a San Juditas Tadeo, ya me mandó la pinche señal y me gané el reintegro de la lotería”. Todo es un tema de pinches señales.
En el México prehispánico, seguramente, tras algún sacrificio, algún gobernante veía al Popocatépetl como el tiempero para esperar las pinches señales. No faltará quien hoy abra su versión gratuita de ChatGPT y pida una pinche señal.
En fin.
Todo este choro mareador viene a cuenta porque, desde el sábado pasado, cuando se dio a conocer la convocatoria para elegir candidatos de Morena a diferentes puestos —entre ellos, las alcaldías—, no ha faltado quien diga: “ya cayó la pinche señal”. Y sí, los analistas no mienten: esa cayó. Muy puta y muy pinche señal, pero ya cayó.
Lo que aún no hemos visto es La Señal, sin adjetivos calificativos.
Quizá porque a nadie le gusta reconocer que, históricamente, el método de elección siempre es La Señal. El método define al candidato. Por ejemplo, en 2023 el método de elección de Morena sería la encuesta. Ignacio Mier Velazco y buena parte del círculo rojo poblano creyeron que los tamales de chipilín en Palacio Nacional eran símbolo de La Señal. Pero no: esa fue una pinche señal, de un pinche desayuno acompañado de unos pinches tamales donde se tomaron una pinche foto y nada más. Seguro hasta les dio la pinche diarrea.
La Señal era la encuesta. Quien ganara en ella sería el gobernador. Y quien sí recibió La Señal (nada pinche, sino todo lo contrario) fue el hoy gobernador Alejandro Armenta Mier. Lo demás es lo de menos.
Hoy, en este nuevo método de selección —y considerando que la fecha para elegir candidato a la presidencia municipal se adelantó a septiembre, es decir, en seis meses—, se favorece a los alcaldes en funciones con posibilidades de reelegirse, porque los números les benefician en conocimiento. Ahora bien, no es el único reactivo que se analiza; deben evaluarse otros valores. Incluso el tema de género será parte del debate.
Lo que sí queda claro es que las sesenta alcaldías más importantes del país —entre ellas, por supuesto, Puebla— pasan no solo por el tamiz de los gobernadores, sino por el filtro de Palacio Nacional. Y ahí sí no será una pinche señal. Será más bien como ver bajar a Moisés del Monte Sinaí mientras los hebreos veneraban a un becerro de oro. Es decir: La Señal.
Así que habrá que aventar las runas, echar los dados, sacar las cartas del tarot y esperar. Porque en la política poblana todos creen haber visto la pinche señal. Pero cuando llegue La Señal, la verdadera, ya no habrá que interpretarla.
Se va a notar.