Morena ostenta el poder total en Puebla, pero la sucesión en la capital sigue siendo un cabo suelto. Ante la falta de definiciones, ha comenzado la tradicional guerra silenciosa de posicionamientos.
Rumbo a 2027, el partido oficial enfrenta un verdadero brete. En el “rancho político” del gobernador Alejandro Armenta Mier se perfilan dos competidores claros de su burbuja: José Luis García Parra, jefe de Gabinete, y Laura Artemisa García Chávez, secretaria de Bienestar.
A ellos se suma el alcalde Pepe Chedraui Budib, quien buscaría la reelección bajo el cobijo del comisionado de Migración, Sergio Salomón Céspedes Peregrina. Y, por supuesto, aparece la ficha que nunca se baja de la contienda y apuesta a sus amarres nacionales: la diputada federal Claudia Rivera Vivanco.
El dilema es quién garantiza el triunfo.
García Parra goza de respeto y presencia en la conversación política; la gente de su partido lo ve bien. Sin embargo, su cargo exige activismo permanente: trabaja prácticamente 24 horas al día, siete días a la semana. Para aspirar, tendrá que salir más a la calle y ganar terreno frente al electorado.
Laura Artemisa, por su parte, mantiene un perfil bajo debido a la naturaleza operativa de su encargo, aunque sigue en la jugada.
En contraste, Claudia Rivera arrastra los negativos de su gestión municipal y la lejanía que impone la Cámara de Diputados. Es conocida, sí, pero su imagen requiere una reconstrucción profunda.
El caso de Pepe Chedraui es distinto: es el perfil más conocido por el cargo que hoy ocupa, pero cargará con el reto de justificar la pertinencia de su reelección y, además, demostrar que tiene el músculo para arrastrar los votos de las diputaciones locales y federales. No la tiene nada fácil.
Bajo este escenario, en los pasillos de Palacio Nacional y en la sede nacional de Morena —donde realmente se toman las decisiones— se analiza el perfil de una mujer con identidad propia, arrastre de votos y buena relación con el sector empresarial, con el fin de evitar fugas hacia la oposición.
Ahí surge el nombre de Olivia Salomón Vibaldo.
La hoy directora de la Lotería Nacional cuenta con el afecto y la confianza de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Su gestión ha sido eficaz: rescató a una institución que agonizaba y hoy presume signos vitales más sólidos.
No hay que olvidar que Salomón ya midió fuerzas en la interna por la gubernatura en 2023. Ese proceso le sirvió para posicionarse en la capital. Es una pieza cercana a la presidenta y, aunque en 2024 descartó interés por la alcaldía, en política la única constante es el cambio.
Falta saber si ella está dispuesta a subirse a esa contienda.
Armenta no se permitirá perder el estado. Su meta es el “carro completo”: entregarle a Sheinbaum la mayoría de las diputaciones federales y consolidar el control del Congreso local.
La ventaja para Morena es el desierto opositor: el PAN sigue sin brújula ni candidato; el PRI está en ruinas, con una dirigencia estatal prácticamente invisible; y en Movimiento Ciudadano el golpeteo mediático por supuestos vínculos con el huachicol de una de sus nuevas adquisiciones ya dejó una mancha difícil de borrar.
La definición para la alcaldía poblana llegará en septiembre.
No falta mucho.
Se corren las apuestas.