(Segunda parte)
Hay cosas poco claras —por no decir, nada transparentes— en el Ayuntamiento de Puebla que encabeza José Chedraui, pero vamos por partes.
En marzo pasado, para conmemorar el Día de la Mujer, el Ayuntamiento destinó 2 millones 900 mil pesos a un evento que incluyó la presentación de las JNS, una conferencia de Gloria Calzada y otras actividades.
Las preguntas, otra vez, son inevitables: ¿Qué impacto real tienen las canciones de las JNS en la vida de las mujeres que enfrentan violencia, acoso o desigualdad? ¿A quién se le ocurrió y por qué? ¿Cómo lo justificó? ¿En qué medida un concierto contribuye a atender problemas estructurales como el feminicidio o la violencia de género?
La crítica no es nueva ni solo de este reportero. La regidora Shirley Ponce la planteó en sesión de la Comisión de Igualdad Sustantiva la semana pasada.
Por supuesto, no hubo respuesta.
Pero el tema va más allá de un evento. Aquí vienen los datos duros.
Los ingresos propios del Ayuntamiento muestran una diferencia abrupta en los primeros dos meses de 2026 frente al mismo periodo de 2025. En enero y febrero de este año se reportaron 478 millones de pesos, mientras que un año antes la cifra fue de 2,438 millones.
La diferencia —o desplome, llámelo como quiera— es de casi dos mil millones de pesos. Un 80 por ciento, nada más. No es una estimación ni un cálculo de la oposición. Es la tabla comparativa que aparece en la página 20 de las Notas a los Estados Financieros, firmadas por el Tesorero Municipal y aprobadas por el Cabildo el pasado 11 de marzo.
El dato está ahí.
La explicación, no.
Si en 2025 hubo un ingreso extraordinario o un cambio en la composición de los ingresos, el propio documento no lo aclara. Y ese es el problema: no se puede entender con claridad qué se está comparando. Ese es el patrón de este Ayuntamiento.
Puebla es la cuarta ciudad más grande del país. En una ciudad de ese tamaño y relevancia, diferencias de esta magnitud en los ingresos propios deberían provocar preguntas inmediatas. No ha sido así. Los números suelen pasar desapercibidos aquí —por conveniencia, por compromisos económicos, por miedo o simple desinterés.
Regresemos a los números que sí están claros.
En 2025, el Ayuntamiento dejó sin ejercer 555 millones de pesos destinados a obra pública. Como lo detallamos ayer en esta columna, el propio Tesorero Héctor González Cobián lo reconoció ante la Comisión de Patrimonio y Hacienda Municipal.
Ese dinero no se convirtió en calles, drenaje ni infraestructura. Pero sí hubo recursos para otros gastos: 10 millones de pesos en fiestas navideñas con concierto de Mijares, 2 millones 900 mil en el evento del Día de la Mujer con las JNS, y 7 millones en eventos y podcasts que nadie ha visto.
La pregunta vuelve a ser la misma: si no se ejercieron 555 millones el año pasado, ¿por qué ahora se buscan 440 millones prestados —con un costo de hasta 30 millones en intereses que pagarán los poblanos— sin detallar con exactitud qué calles, qué obras, a qué costo unitario, en qué colonias y para beneficio de cuántas personas?
La falta de transparencia en los ingresos, el subejercicio en obra pública y la intención de contratar deuda no son hechos aislados.
Son parte de una misma historia.
Y es una historia que, hasta ahora, no ha sido explicada.