Hay una paradoja inevitable en publicar esta nota en un portal de noticias: el informe que la motiva acaba de confirmar que cada vez menos personas llegan a sitios como este para informarse.
El dato es duro: 54 % de la población mundial ya consume noticias a través de redes sociales y plataformas de video. La televisión, la radio, los periódicos impresos y los sitios web de medios acumulan cinco años de caída. México, además, aparece entre los países donde esa transición es más marcada.
El Digital News Report 2026, publicado por el Reuters Institute for the Study of Journalism de la Universidad de Oxford —una de las investigaciones más amplias y rigurosas sobre consumo informativo global, con presencia en 48 países y muestras de alrededor de dos mil personas por mercado— no trae buenas noticias para los medios tradicionales.
Pero sí ofrece datos que conviene leer con calma. Sobre todo en Puebla, donde el ecosistema mediático lleva años transformándose frente a todos, aunque muchos prefirieron mirar hacia otro lado.
Las plataformas ganaron… por primera vez en la historia
Por primera vez desde que el Reuters Institute comenzó a medir estos comportamientos, en 2012, las redes sociales y las plataformas de video superaron a los sitios web de medios como fuente principal de noticias a nivel mundial.
No es una moda. No es una anomalía. Es un cruce de líneas que difícilmente tendrá reversa.
TikTok, Instagram, YouTube y Facebook ya no son el complemento del periodismo. Para millones de personas son, en los hechos, la puerta principal de entrada a la información. O, peor aún, aquello que sustituye al periodismo.
En México, el golpe es especialmente visible. El 39 % de los mexicanos se informa a través de creadores de contenido o influencers. Sólo Perú, con 46 %, aparece por encima en América Latina. Colombia registra 35 %.
En el uso de TikTok como fuente informativa, México también destaca: 27 % de la población lo utiliza para consumir noticias, lo que coloca al país entre los tres mercados hispanohablantes con mayor penetración de esa plataforma en materia informativa.
Estos números no son abstractos. Son lectores que antes llegaban a un portal, abrían una nota, identificaban un medio y podían distinguir una firma. Hoy consumen información en formato vertical, con edición rápida, sin contexto suficiente, muchas veces sin autoría clara y con escasas posibilidades de verificación.
El viejo ritual de entrar a “ver qué dicen los medios” se rompió. La noticia ya no espera al lector en una página web. Ahora lo persigue en el teléfono, entre un meme, un baile, una denuncia anónima y un video de recetas.
El problema no es TikTok, es la confianza
Sería fácil culpar a las plataformas. Sería cómodo decir que TikTok, Instagram o YouTube destruyeron el periodismo. Pero el reporte de Reuters señala algo más incómodo: la confianza en las noticias cayó este año a su nivel más bajo desde 2015.
A nivel global, sólo 37 % de las personas dice confiar en las noticias la mayor parte del tiempo. En Estados Unidos, la cifra cayó a 25 %.
Ahí está la herida.
La gente no abandonó únicamente los periódicos, los noticieros o los portales. Abandonó, en buena medida, la idea de que los medios merecen confianza automática. Y cuando una institución pierde esa confianza, no basta con abrir una cuenta de TikTok para recuperarla.
El informe documenta además una paradoja quirúrgica: las personas desconfían de las plataformas —sólo 22 % confía en lo que lee en redes sociales—, pero las usa de todas formas.
¿Por qué? Porque son cómodas. Porque están ahí. Porque el teléfono ya está en la mano. Porque el algoritmo entendió antes que muchas redacciones cómo se mueve la atención humana en este siglo.
La preocupación por la desinformación también creció cuatro puntos y llegó a 62 % de los encuestados a nivel global. Es decir: las audiencias saben que el entorno digital es poco confiable. Saben que ahí circulan mentiras, propaganda, medias verdades y ruido. Y aun así lo eligen.
Eso no habla de irracionalidad. Habla de una falla de los medios tradicionales para competir en el único terreno donde hoy se decide buena parte del consumo informativo: la experiencia del usuario.
Durante años, muchos medios pidieron lealtad como si todavía vivieran en el siglo XX. Pero la audiencia no firma pactos de sangre. La audiencia compara, se mueve, se aburre, se va.