La pandemia de COVID-19 transformó radicalmente el mundo laboral, impulsando el home office como una medida necesaria para mantener la productividad. Sin embargo, en México, esta transición no solo trajo beneficios como la flexibilidad y ahorro en tiempos de traslado, sino también desafíos significativos para la salud mental de los trabajadores.
El aislamiento y la desconexión emocional
Según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2021), el 45% de los empleados mexicanos en modalidad remota reportaron sentimientos de soledad y ansiedad debido a la falta de interacción social. A diferencia de países con mayor cultura de teletrabajo, en México muchos trabajadores extrañaron el contacto humano, lo que afectó su bienestar emocional.
Límites difusos entre trabajo y vida personal
La Encuesta Nacional de Salud Mental y Covid-19 (UNAM, 2022) reveló que el 60% de los trabajadores experimentó dificultades para «desconectarse» del trabajo, llevando a jornadas extenuantes y estrés crónico. La ausencia de un espacio físico definido para laborar contribuyó a este problema, especialmente en hogares con condiciones inadecuadas.
Estrategias para proteger la salud mental
Empresas y empleados pueden tomar medidas para mitigar estos efectos:
• Establecer horarios fijos y respetar tiempos de descanso.
• Fomentar la comunicación no laboral (ej. cafés virtuales o check-ins emocionales).
• Capacitación en gestión del estrés, como recomienda la Norma Oficial Mexicana NOM-035.
Un cambio que llegó para quedarse
El home office seguirá siendo una opción en muchos sectores, pero su éxito dependerá de cómo las empresas integren políticas de salud mental. Priorizar el equilibrio emocional no es un lujo, sino una necesidad para una fuerza laboral sostenible.