Laura Artemisa García Chávez tiene un solo adversario y no, no es Pepe Chedraui: es su propio asesor rumbo a la alcaldía en 2027. A veces, en política, el enemigo no está enfrente.
Tiene condiciones. Varias. De entrada, goza de la amistad y la confianza del gobernador Alejandro Armenta Mier, un activo que no cualquiera presume en estos tiempos. Ella es leal. Además, ha demostrado habilidad: hizo un papel decoroso al frente del Congreso del Estado. No es improvisada.
El problema es otro.
No se ha dado cuenta de que no está hablando con la gente, sino con el espejo. Su comunicación no baja al ciudadano de a pie; se queda flotando en ese pequeño ecosistema donde todos se leen entre todos: el círculo rojo.
Y sí, muchos columnistas la ven bien. Eso suma, claro. Pero conviene recordar —como diría un viejo lobo de mar— que, si las elecciones se ganaran con columnas, en 2010 López Zavala habría terminado como secretario general de la ONU.
Los espectaculares de “Examen sorpresa” son el mejor ejemplo de ese desfase. Tienen dos problemas evidentes. El primero —y más grave—: no dicen nada que le importe a la gente. No hay un mensaje claro que explique por qué alguien tendría que evaluarla bien en una encuesta o, más simple aún, por qué sería mejor opción que la reelección de Pepe Chedraui (yo les tengo una lista enorme hasta documentos de números que no cuadran, traiciones al gobierno del estado y más, pero esa es otra historia).
El segundo es de forma, pero también de fondo: “La Maestra” puede ser un apodo legítimo, pero no es una propuesta. Y el concepto de “examen sorpresa”, lejos de generar empatía, activa una memoria colectiva incómoda. A nadie le gusta que lo agarren desprevenido… y menos en política.
Lo paradójico es que sí hay argumentos. Muchos. Razones suficientes para contrastarse con el actual alcalde. Pero no se cuentan. No se sienten. No se entienden.
Mientras tanto, sus asesores parecen más preocupados por los aplausos en Twitter —o X, para los modernos— que por los votos en la calle. Y hay una diferencia brutal entre ambos mundos: en La Resurrección, en San Sebastián Aparicio o en cualquier junta auxiliar, lo que se diga en redes les importa tres hectáreas de chile poblano. Ahí no se vota con trending topics.
Si quiere competir en serio, tendrá que mirar más allá de su base natural. No basta con hablarle al votante de Morena que ya está convencido; la elección se define en los márgenes, en los que dudan, en los que comparan, en los que castigan.
Del otro lado, Pepe Chedraui puede presumir niveles altos de conocimiento, pero también carga con negativos considerables. La percepción de inseguridad sigue siendo elevada, las calles continúan deterioradas y muchas de las mejoras visibles llevan más el sello del gobierno estatal que del municipal.
Hay terreno. Hay oportunidad. Pero no hay narrativa.
Y en política, el que no cuenta su historia, termina protagonizando la de alguien más.
El reciente episodio en el que se intentó desmentir un desaire público es otra señal de desorientación: gastar energía en apagar fuegos menores, en lugar de construir posicionamiento, es perder tiempo en una carrera que ya empezó.
Laura Artemisa necesita algo más que lealtad: necesita identidad. Puede acompañar al gobernador, sí, pero no mimetizarse. La política premia a quienes se diferencian, no a quienes replican.
Se habla de posibles refuerzos en su equipo, perfiles con experiencia en inteligencia artificial y construcción de marca. Ojalá lleguen pronto. Porque, hoy por hoy, su estrategia no está a la altura de su potencial.
Y eso, en una elección como la que viene, no es un detalle menor: es la diferencia entre competir… o sólo aparecer en la boleta.