El Licenciado Fojaco no querÃa gobernar todavÃa. Primero, querÃa una buena tanda de elogios.
Por eso citó al Licenciado Turrubiates en el Garufas —los jueves hay hora del amigo y de botana dan chamorro—, quien se ostenta como operador de medios de comunicación y presume conocer, por nombre, apodo y tarifa sentimental, a media comentocracia.
—A ver, Turrubiates, necesito que me digas cómo le hago para aparecer en todas las columnas de esos pinches periodistas que se sienten Dios en el poder. Quiero que hablen bien de mÃ, que mencionen mi trayectoria, que digan que soy un hombre de retos, que no soy de escritorio, que soy puro cuatro por cuatro, no sé… Tú sabes más de esto, pinche Turrubiates —dijo el Licenciado Fojaco, mientras carraspeaba y se acomodaba la camisa que se le salÃa del pantalón del traje.
—Mi Lic., pero esto hay que arreglarlo antes con unas frÃas, de entrada —dijo el Licenciado Turrubiates, mientras levantaba la mano—. ¡A ver, tú! ¡SÃ, tú! Tráete algo para refrescar la garganta.
El mesero, apurado, llegó con una botella de Magno, unas cocas, hielos, chicharrones y tostadas de pata.
—Mire, licenciado, le explico cómo está esto: primero hay que consentir al periodista. Los invitamos a comer, les sacamos la de Bacardà —nunca falla— y ahà es para que lo conozcan. Podemos hacerlo por grupo o de forma personal —comentó, al tiempo que se llevaba a la boca un trozo entero de chicharrón.
El Licenciado Fojaco, atento, se limpió la grasa de la tostada en el pantalón.
El Licenciado Turrubiates sacó de su portafolio unas encuestas mandadas a hacer a la empresa Triplicadores S.C., que coordina el Licenciado Madariaga, y con la boca llena de chicharrón dijo:
—AquÃ, mi licenciado, aparece usted como el primero en la encuesta del Licenciado Madariaga. Ya ve que es muy confiable. Esta se la enseñamos a algún columnista o se la mando como exclusiva a su WhatsApp. Ya ve que esos, con tal de cualquier cosa, suben encuestas sin ton ni son, como si de veras supieran. También tengo la de DemoscopÃa Triplicada pero se quemó en la última elección, pero los periodistas ni se acuerdan, siempre citan a todas.
Fojaco nuevamente se limpió la grasa de la pata y se sacudió la corbata. Se acomodó sus lentes oscuros, heredados de un viejo lÃder sindical que fue su mentor cuando empezaba en la polÃtica.
—¿Y por qué aparece aquà el Libanés en segundo, Turrubiates?
—Porque es quien va arriba, pero hay que generar la idea de que nada más es entre usted y el Libanés. Ya para que nos quiten hasta al Charro Cantor, a ese lo mandamos a quinto lugar; no me ha buscado. Le decÃa: le enseñamos o le mandamos la encuesta a algún columnista y ahora viene la parte más importante, mi Lic.
—DÃgame —respondió Fojaco, interesado.
—¿Los elogios los quiere con señal o sin señal? Porque con señal sale más caro.
—Achis, achis, ¿cómo que señal? ¿Cuál señal?
—Desde que al Licenciado Sierra no le llegó la pinche señal, ora todos los periodistas repiten que si la señal, que si ya llegó, que no sé qué. Entonces, con señal sale más caro; sin señal, es columna a secas.
—¿Y es señal divina o qué?
—Pues es decir que Ya Sabe Usted Quién le dio el visto bueno. Si decimos que esto es de señales, ufff, no se la acaban.
—¡Ya! ¿A poco s�
En ese momento, el mesero llegó con dos chamorros en adobo y dos caldos de camarón.
—Con señal es mejor, porque se la van a pasar escribiendo en sus redes sociales que la señal, que ahà está, que ya llegó. Luego vamos a las entrevistas; esas son a modo. Ahà las controlamos. Hay que ofrecer diez, quince o veinte, según el sapo.
—¿Veinte mil? Pues ya con la de Bacardà tenemos, Turrubiates. Además, si no llego, se me van a ir en contra y ni el saludo, ¿qué?, ¿no los conoce?
—Usted haga caso, Licenciado Fojaco. Ya tenemos encuesta, mención en redes, la pinche señal y hasta entrevista. ¿Qué más quiere? A la prensa hay que consentirla.
Turrubiates se limpió los dedos con una servilleta, tomó un trago largo de Magno con coca y remató:
—No convencerla, mi Lic.: consentirla. Es distinto y sale más barato que gobernar.
Fojaco sonrió. No porque hubiera entendido la estrategia, sino porque por fin alguien le habÃa puesto precio a su sueño.
—Mi Lic., la polÃtica ya no se gana caminando la calle. Se gana haciendo que alguien escriba que la caminaste.
Meses después, Fojaco perdió hasta en la encuesta.