Diana Sánchez A.
Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos.
Génesis 3:7
Hablaré de una de las obras teatrales de Rosario Castellanos que es El eterno femenino. Esta pieza la conocí cuando tenía tan sólo 11 años, y desde aquella edad marcó mi percepción respecto a los roles femeninos en la historia y en nuestra sociedad.
Comenzaré cuestionando el papel de Rosario Castellanos en la historia, como escritora, poeta, mujer que, desde temprana edad, cuestionaba modelos, aunque se casó con Ricardo Guerra y con quien procreó un hijo, Gabriel. Sí, aquél del poema “Se habla de Gabriel”, donde se refleja una parte no romántica, ni rosa ni cursi sobre la maternidad, pues antes nos da un asomo sobre aquellas cosas que toda madre llega a pensar y sentir, pero que no se atreve a decir porque precisamente sería juzgada como una mala madre; habrá que entender que este poema fue escrito en el año 1972, y para esos años era impensable romper la visión que nos ha sido impuesta respecto a la idea de maternidad, y es así que en 1975, se publica la obra teatral El eterno femenino en la editorial Fondo de Cultura Económica. Ella había fallecido en 1974, en Israel, la obra se terminó meses antes de su muerte. Paradójicamente, se vuelve una obra post mortem.
Empiezo con esta introducción ya que, hablando de los personajes históricos, Rosario Castellanos no ha sido tan mencionada como otras mujeres en la literatura. Incluso pareciera que actualmente su nombre se disuelve ante un silencio crítico, me parece que esto es consecuencia de varios factores: el más evidente, su obra se vuelve incómoda, aunque aún más incómodo es darnos cuenta que, a más de medio siglo, resulta más sencillo fingir que hay cambios antes que, asumir que la mayoría de “hombres “y “mujeres” pretenden aferrarse a modelos obsoletos alejados de un verdadero despertar femenino.
Otro factor sería que en comparación con otras mujeres a lo largo de la historia que luchan por un despertar o desde la visión femenina, no atañe a los beneficios políticos ideológicos para comprobar que se tiene una visión más feminista, y por eso este tipo de mujeres como Rosario Castellanos suelen ser opacadas , minimizadas o peor aún reducidas a un melodrama romántico ( como en la película los adioses ), no vistas o justo como lo retrata en la obra teatral El eterno femenino, como esas figuras de cera en una carpa de circo. Así que hoy escribiendo acerca de esta obra teatral, pretendo que aquella figura de cera llamada Rosario Castellanos recobre vida sin afán de idealizar.
Una obra teatral en tono de farsa en donde la verdadera farsa es una sociedad aparentemente moderna que legitima discursos machistas, encarnándolos a través del arquetipo de mujer mexicana sufrida, abnegada y devota, se desarrolla en un salón de belleza donde se burla por la capacidad de vanidad femenina bajo discursos de lo que es ser bella, pudiente, exponiendo la idea de que cumpliendo con dichos estereotipos se establece la manera o el medio por el cual se nos ha enseñado a cumplir como mujeres.
Rosario Castellanos lo toma con humor y es ahí donde este aparato que sirve para “peinar” provoca varias ensoñaciones de la protagonista que es Lupita, provocadas por un viaje ligero, con humor negro sarcástico, y por supuesto, crítico. Muestra cómo el modelo femenino se ha sostenido, enseñado y heredado generación tras generación. Además, la poeta nos muestra a los hombres ridículamente inconscientes, que subestiman a sus mujeres, siempre vanidosos y con discursos absurdos. También cuestiona por qué los hombres se han visto como única autoridad en la casa y, peor aún, como los únicos capaces de legitimar la historia de personajes femeninos. Como acto de protesta, Rosario Castellanos da voz a estos personajes históricos femeninos y les otorga una voz propia histórica femenina en personajes de Sor Juana Inés de la Cruz, Adelita, Carlota, Rosario de la Peña, La Malinche y Eva ofrecen su versión de la historia, haciéndonos ver que la historia respecto a las mujeres no es como nos la pintan.
Durante estos discursos es que Rosario Castellanos aprovecha para cuestionar, burlarse y criticar modelos de las instituciones como el matrimonio, la iglesia que hasta este año (2025) son los que pretenden y se han encargado que dichas costumbres no se modernicen.
Una parte del discurso amarga e interesante de la obra cuestiona, como muchos de estos discursos, prevalecen gracias a las mujeres mismas, que no comprenden que su continuidad no las absuelve y en este contexto social solo legitima discursos machistas y eso nos atañe a todos.
El Eterno femenino cuestiona también la propiedad privada y, por ende, exhibe cómo la mujer se ha convertido en esa propiedad privada; la novelista se burla de estos modelos del amor y de dónde puede llegar la inspiración femenina. Pues, aunque existe una repugnancia al matrimonio y a la obligación de ser madre para sentirnos completas o realizadas como mujeres y cómo se ha establecido y usado a la mujer como un chivo expiatorio de nuestra sociedad.
A pesar de que la obra se vuelve compleja para su representación escénica tal como lo indica la dramaturga, cumple con la función de indagar y despeinar esas figuras y modelos que por desgracia siguen existiendo actualmente.
Al final la autora, desnuda a esa y esta sociedad invitando a morder la manzana de la verdad. La verdadera pregunta es: ¿Cómo pasaremos del eterno femenino a un despertar femenino, tanto social como individual?, pues bien, comencemos por hablar de mujeres en la literatura de una manera objetiva, dándoles vida y no dejándolas como personajes de cera en esta carpa de circo, llamada sociedad, llena de discursos vacíos la mayoría de las veces.
Tal vez, algún día, una niña de 11 años pueda ser agente de cambio a través de leer obras como esta y logre despertar un eterno femenino propio y particular como lo fue y sigue siendo Rosario Castellanos.