O la cocción a fuego lento de palabras, prosa al dente hasta para el más docto. No es que Castellanos no pudiera escribir escenarios más intelectuales; siendo una mujer culta, su disposición es cocinar su prosa en lo cotidiano. Ella no deja su esencia, pues esto nutre su labor de escritura. Una cocina tiene el mismo rizoma y sazón que su máquina de escribir llevando esa experiencia a lo más vivido de la poeta. Así, aunque su estilo y el manejo de palabras contiene un vasto conocimiento de la cocina, también posee una significación de la línea de pensamiento que acompañará sus ensayos sobre las mujeres. Lección de cocina es la condensación de su pensamiento en lo habitual, la literatura y la cocina:
¿Qué me aconseja usted para la comida de hoy, experimentada ama de casa, inspiración de las madres ausentes y presentes, voz de la tradición, secreto a voces de los supermercados? Abro un libro al azar y leo: “La cena de don Quijote.” Muy literario pero muy insatisfactorio. Porque don Quijote no tenía fama de gourmet sino de despistado. (Castellanos, 1971).
Lección de cocina es un cuento referente en la obra de Castellanos o, mejor dicho, en la literatura escrita por mujeres, pues en torno a esta se construyen nuevas narrativas. Aunque haya quien contradiga tal aseveración, su narrativa consolida el camino futuro de otras escritoras, quienes han tomado lo cotidiano para hablar de temas profundos: la comida, las frustraciones, la soledad, la abnegación, el sexo, los mitos, todo es simulacro de un perfecto matrimonio y vida, es este ‘ser feliz ante la gente’ y el dolor para decirlo, pero no para escribirlo: Podría levantarme sin despertarlo, ir descalza hasta la regadera. ¿Purificarme? No tengo asco. Prefiero creer que lo que me une a él es algo tan fácil de borrar como una secreción y no tan terrible como un sacramento. (Castellanos, 1971).
Lección de cocina reúne la diversidad de temas que componen su obra, pero también es uno de los textos más cercanos a las lectoras ya que contiene un reconocimiento tácito a las mujeres y su labor en ellas. Hay un tono cercano, pero con una fuerza explícita que da muestras de la mujer, pero también de la poeta:
¿O te basta este hieratismo que te sacraliza y que tú interpretas como la pasividad que corresponde a mi naturaleza? Y si a la tuya corresponde ser voluble te tranquilizará pensar que no estorbaré tus aventuras. No será indispensable —gracias a mi temperamento— que me cebes, que me ates de pies y manos con los hijos, que me amordaces con la miel espesa de la resignación. Yo permaneceré como permanezco. Quieta. Cuando dejas caer tu cuerpo sobre el mío siento que me cubre una lápida, llena de inscripciones, de nombres ajenos, de fechas memorables. (Castellanos, 1971).
El cuento es rico en lírica, pero también en prosa, es una narración vigente, pues este nos muestra la condición humana de las mujeres que a pesar del siglo anterior sigue presente en muchos hogares. No es que Rosario eligiera la temática con alevosía, más bien es la conjunción de la vida perfecta que se aparenta, quizá, su vida misma.
Esta narración es una confesión que se cocina entre el tedio, la sumisión, la soledad, el perdón y el matrimonio perfecto, es un encuentro inaudible con la fragilidad humana de las mujeres y el dolor, todo a través de un lugar seguro, la escritura y la cocina como metáfora. Lección de cocina es la evocación del aroma, sazón y literatura de Rosario Castellanos en un texto breve, pero conciso que da muestra de todo el poder de su narrativa y su palabra, ella no sólo hace evidente su lugar seguro, la cocina. Castellanos nos acerca a esos aromas, sabores e imágenes perceptibles en su obra.