Eduardo Rivera Pérez podría regresar por sus fueros como candidato a la alcaldía en 2027. En el PAN ven ese escenario como imposible; de hecho, lo consideran una mala broma. Sin embargo, los números en varias encuestas le favorecen frente a las “corcholatas” de Morena.
Lo que no le ayuda a Rivera es que su grupo —si es que aún existe— está dividido. El PAN estatal no lo ve con buenos ojos y el papel que hizo Adán Domínguez como sustituto en la alcaldía fue francamente deplorable. Se estima que provocó un boquete financiero de poco más de 500 millones de pesos al erario municipal, algo que no ha desmentido.
¿Qué pasaría si Rivera regresara por la alcaldía poblana por Acción Nacional?
Sabemos que Lalo Rivera y el líder estatal del PAN, Mario Riestra Piña, pelean —cada uno por su lado— por quedar bien con el gobernador Alejandro Armenta Mier. Ambos quieren ser el consentido. Ambos se agachan y evitan confrontarlo: mandan a sus esbirros. Son tan distantes que terminan pareciéndose.
Bajo ese escenario, ¿qué ocurriría si el candidato de Morena para 2027 terminara siendo alguien ajeno al grupo en el poder? ¿Se repetiría el mismo fenómeno de 2021, cuando el barbosismo operó no para que ganara Lalo Rivera, sino para que perdiera la candidata de su partido?
O la famosa huelga de brazos caídos —pero electorales—.
Todo esto viene a colación porque, en Morena, la convocatoria trae dedicatoria. Y aunque no hay garantías de reelección, persiste la idea de que quienes encabezan las encuestas son los actuales presidentes municipales.
¿O a poco ya permearon las bardas que aparecen hasta por Cuautlancingo y que no comunican nada?
Entre lo que quieren los gobernadores para sus principales alcaldías y lo que se dicta desde el CEN de Morena —es decir, desde Palacio Nacional— no siempre hay coincidencias. Ahí está el caso de Layda Sansores: le importó un comino la convocatoria de su partido y ya presume a su candidato. Como toda una dictadora de república bananera —Campeche, prácticamente lo es—. Imaginen que varios mandatarios inicien la rebelión y sigan el ejemplo.
¿Hasta dónde están dispuestos a estirar la liga para imponer a su gente? Si bien nunca se le dice que no a quien despacha en Palacio Nacional, últimamente ya hemos visto que, en Morena, le dicen a la presidenta Sheinbaum que analizarán lo que se les pida… y luego ven.
Adelantar las elecciones internas de Morena tensó la relación con los mandatarios en todo el país. Ahí es donde Acción Nacional —o personajes como Rivera Pérez— puede aprovechar esos espacios para sacar ventaja. Si pudo convivir políticamente con Miguel Barbosa como alcalde panista y era su mejor aliado, no sería raro que esté dispuesto a jugar esa misma carta hacia adelante.
Al fin, ya sabe dónde está la caja chica.
Después de todo, en Puebla la democracia sí se respeta… siempre y cuando no estorbe. O, dicho de otro modo: todos somos demócratas, pero nomás de la puntita.