¿Por qué quienes aspiran a un cargo de elección popular tratan al “pueblo bueno” como si quisieran evangelizarlo? “Tenga, madrecita”, dicen mientras entregan un tamal; pero, para que el milagro surta efecto, la escena debe quedar grabada para redes sociales. El aspirante, entonces, debe verse como un conquistador de utilería: blanco, barbado y generoso sólo frente a la cámara, repartiendo espejos entre quienes, en el fondo, sigue mirando como macehuales.
Por eso cayó tan mal la historia de la autodenominada “Güera de Morena”. En aquella entrevista que le hizo el periodista Fernando Maldonado en la radio, no hizo más que exhibir su clasismo y su racismo. Era una especie de Isabel Díaz Ayuso de por aquí cerquita, ahora que la cuatrote ha revivido aquello de que lo “Cortés no quita lo Cuauhtémoc”.
La señora, quien también se autodefine como disruptiva —¡uy, qué disruptiva, qué bárbaro! —, no deja de ser una más dentro de ese ecosistema político que entrega apoyos para salir en la foto y hacerse notar como “güera”, en un país que —suponemos— ella prefiere mirar desde la cómoda superioridad del tono de piel. Pero no es sólo ella. Y el fenómeno, desde luego, no es nuevo.
Antes, en eso que ahora llaman el “antiguo régimen”, los aspirantes aparecían en la portada de El Sol de Puebla: una foto impresa a cuatro columnas, con su respectivo pie de foto: “El licenciado Fojaco recorrió San Sebastián de Aparicio para entregar rosas el Día de las Madrecitas”.
O también: “El licenciado Madariaga, junto con el licenciado Malagón, repartió pelotas en la escuela Benito Juárez García —se ha reportado que existen alrededor de 6 mil 600 planteles con ese nombre en todo el país, así que puede ser cualquiera— a nombre de su amigo, el licenciado Fojaco”.
Lo hizo el PRI. Lo hizo el PAN —de hecho, lo sigue haciendo—. Lo hace Morena.
El tema es qué tanta repercusión tiene actualmente. Antes era portada en un viejo periódico amarillento; hoy es pauta para Instagram y TikTok. Es como cuando Javier López Zavala buscaba la gubernatura en 2010: las formas no han cambiado, la maquinaria es la misma. Sólo movieron a los operadores. Antes traían el discurso de la Revolución; ahora cargan el de la transformación. Claro, con Moreno Valle también surgieron figuras que repitieron los mismos patrones, aunque con empaque más caro, sonrisa de asesor y escenografía de primer mundo.
La verdad es que, si analizamos a la clase política poblana, buena parte de los personajes que aparecen hoy son los mismos de Manuel Bartlett para acá, o aprendieron de los mismos de siempre. Por eso no han cambiado las formas, ni los estilos, ni los mensajes, ni los matraqueros. Cambió la cámara, cambió la red social, cambió el filtro; pero el gesto sigue siendo el mismo: el político repartiendo migajas mientras se mira a sí mismo como redentor.
Y como vivimos en la sociedad del cansancio y del hartazgo, donde todo parece normal y ya casi nada nos sorprende, sólo queda abrir Twitter —perdón, X—, Facebook, Instagram y TikTok para seguir viendo, de aquí a 2027, el mismo circo de siempre: los mismos gestos, los mismos tamales, las mismas pelotas, las mismas sonrisas ensayadas y los mismos redentores de utilería pidiendo cámara antes de repartir la dádiva.
¡Salud!