Lleva más de una semana desde que el gobernador Alejandro Armenta Mier reveló que se reunió en privado con Mario Riestra Piña, y hasta ahora el dirigente estatal del PAN no ha explicado de qué trató ese encuentro.
¿Qué acordaron? ¿Qué intercambiaron? ¿Cuáles serán los límites? ¿Entregó las armas, las balas, el mapa de trincheras? ¿Delató enemigos internos y externos? Porque, hasta el momento, tampoco ha desmentido al mandatario.
Desde la imaginación política —la que explica mejor que los comunicados—, la escena pudo haber sido así:
Imagino al dirigente albiazul hincado o agachado, asintiendo ante cada comentario. Negando con la cabeza baja cuando venía algún señalamiento. Riendo cuando todos carcajeaban. Quedándose serio cuando todos endurecían el rictus.
Nunca —ni aunque lo mandara Gómez Morin desde el más allá— miraba de frente a su interlocutor. No hubo contacto visual. Eso habría sido, claro, una falta de respeto.
Mientras levantaba la taza de café, la mano le temblaba.
Sudaba.
Quizá pusieron sobre la mesa los resultados de las auditorías a los gobiernos panistas: San Andrés Cholula, con Edmundo Tlatehui; Puebla, con Adán Domínguez; Cuautlancingo, con Filomeno Sarmiento, famoso por sus arranques de violencia en pleno Día del Niño.
El panista entendió que habría que entregar las plazas, hacer un sacrificio —o varios—, si fuera necesario.
El tema del Cablebús no sería mencionado. Ni para bien ni para mal.
Es más: ¿cuál Cablebús?
Podría, eso sí, criticar a José Chedraui Budib, quien lo humilló en las urnas en 2024. Podría tocar dos que tres temas para mantener algo de credibilidad.
También, mientras le hablaban, sentía unas ganas inmensas de orinar. Apretaba el esfínter. Respiraba hondo. Bastaba un grito, una mala palabra o un comentario sobre los tiempos en que su esposa encabezó la SEP durante el morenovallismo para que tuviera que cruzar las piernas.
Nos imaginamos que, por más que quisiera hacer poker face, no podía ocultar el nerviosismo ni la incomodidad.
¿Qué trataron en la reunión?
Todo se presta a la especulación, pero por los hechos los conoceréis.
¿Se ha visto alguna acción de oposición en el PAN?
No.
Sólo Susana Riestra, eso sí, ha intentado hacer un papel digno como diputada, a diferencia de sus compañeros de bancada. Curiosamente, la hermana del dirigente estatal.
Cómo han cambiado los tiempos. En otros años, los panistas poblanos descolocaban a los gobernantes en turno. Hoy parecen perros correteándose la cola: no llegan a ningún lado, no se sabe qué persiguen, sólo dan vueltas y vueltas.
No se puede culpar al gobierno de Morena por esta escena. Al contrario: ellos están en su papel. Si el PAN ya se entregó, Morena hizo lo que tenía que hacer. Sus opositores, no.
Por eso, en 2027, si Acción Nacional ganara la alcaldía de Puebla, no lo haría por méritos propios, sino porque la gente habría votado contra Morena.