Geraldine Hernández V.
Cuando se habla de mujeres mexicanas importantes y reconocidas en el periodismo y literatura, es imposible que no salga de la boca de alguien el nombre de Rosario Castellanos, una mujer con una gran trayectoria como la de ella es digna de recordarse, pues incluso hoy en día sigue siendo una figura histórica.
En vida no fue tan galardonada, pero sus obras se llenaron de riqueza póstuma. Fue una mujer que venía de una familia de modelo tradicional, sus posturas lograron avances en cuanto a desechar el molde en el que se encajaba a la mujer y poder abrir la mente a otro tipo de perspectiva, por lo que es actualmente tomada por algunas mujeres como un modelo feminista.
Aunque no se encasilla a esta autora bajo una escritura autobiográfica, se puede notar que muchas de sus vivencias sirvieron de gran motivación e inspiración para sus obras. Siendo, particularmente, la convivencia con su nana la que fomentó su interés por los pueblos indígenas y sus desigualdades. Afortunadamente no vivimos en los años de Rosario y ahora es más la gente que se interesa en temas políticos/sociales. Incluso algunos jóvenes buscan la difusión a problemas de los que no se hablan, de los que incomodan. Tal vez sea por eso por lo que sus obras adquirieron mayor valor al morir, por esa ridícula alabanza e interés que se genera cuando el artista ha dejado este plano.
Ella hablaba de temas que no eran comunes: las realidades por las cuales la sociedad y la política no se interesaban sino era solo para sacar provecho de estas. No por nada las novelas más reconocidas de Castellanos son Balún Canán (1957) y Oficio de Tinieblas (1962); la primera habla acerca de las peleas y tensiones de los terratenientes y las comunidades indígenas de Chiapas, la segunda acerca de la rebelión indígena conocida como “La Guerra de Castas” en el mismo estado. Esto me da a reflexionar que nuestro país tiene más problemas debajo de la alfombra de los que uno pensaría. Han pasado más de 60 años y la situación de los pueblos indígenas parece que no ha cambiado nada: rebeliones, saqueos, asesinatos, narcotráfico y violaciones a los derechos humanos es el pan de cada día en la república. De qué sirve que 2025 sea el Año de la Mujer Indígena, si se sigue utilizando ‘indígena’ como un peyorativo, como un insulto hacia los verdaderos nombres de los pueblos originarios, porque así es más sencillo y así no se cansan en nombrarlos a todos: sólo los encasilla, desprestigiando así incluso su nombre, negando su identidad.
Es por eso que el legado de Castellanos se mantiene; el acercamiento que tiene con la cultura y el pueblo mexicano sigue trascendiendo aún en nuestros días. Debemos escribir, incluso si es en personal y privado, para poder dejar huella de nuestro mundo: el bueno y también el malo. Toda vivencia es importante; lo cotidiano es lo que nos une, lo que nos da un sentido. Lo que deberíamos de pensar es: ¿la literatura siempre fue de temas al alcance de todos? Siempre se ha creído que hay una academia que tiene el derecho a decir lo que es y lo que no es literatura, pero más allá de eso lo que sí es necesario sería documentar lo que hoy vivimos. ¿Todo lo que vivimos no es un cotidiano común sin nada de extraordinario? A muchas personas se les olvida que, en cada día, aunque no se vea a simple vista, hay algo trascendente. Serviría reflexionar, si algunas vivencias valen más que otras, o si es acaso todo lo que nos rodea una puerta hacia la escritura.
Si bien Rosario es un pequeño ejemplo de los muchos que existen en el mundo artístico, muchas veces nuestras infancias, recuerdos, adultez, anhelos, alegrías, lamentos e ideas pueden ser un punto de partida para alguna obra. Incluso si es que no vivimos para poder ver el auge de nuestro trabajo, es importante nunca darse por vencido. La cotidianeidad siempre será algo que toque al mundo, dando voz y sentido, como ella hizo: a todos nos interesa darle un nombre a lo que nos pasa, a lo que vivimos.
El mundo siempre tendrá matices diferentes, no importa si somos del mismo país, estado, colonia, vecindad; todos tenemos diferentes ojos y diferentes realidades. Es ahí donde radica la importancia de conocer y explorar cada uno de esos ojos. Mujeres, niños, hombres, ancianos, todos podemos expresar nuestro mundo y quien sabe, tal vez algún día seamos una Rosario Castellanos.