¿Cuál fue el verdadero mensaje detrás de la suspensión temporal de los derechos partidistas de las diputadas Nayeli Salvatori y Graciela Palomares?
El primero y más importante: Morena ya no opera por un lado y el gobierno por otro. Son un nuevo binomio partido-gobierno. El segundo: ningún gobernador, de ningún estado, está por encima de las decisiones presidenciales. Y el tercero: las elecciones de 2027 pasarán, sí o sí, por Palacio Nacional.
No es que ambas legisladoras sean particularmente importantes. Salvatori se ha distinguido más por sus faltas que por su trabajo legislativo, y Palomares tampoco consiguió sacudir la política aldeana.
Seamos honestos y hagamos memoria: ¿Qué debate impulsado por ellas en tribuna o en los medios —que no fuera sobre baúles o divorcios— mereció siquiera un análisis académico? Ninguno. La política nacional apenas había reparado en ellas.
Pero justo por eso resultaron útiles: fueron el pretexto perfecto para dar un golpe sobre la mesa.
Aunque, viéndolo bien, el golpe no iba dirigido únicamente a ellas. Salvatori y Palomares pasaban por ahí, cargando sus ocurrencias vulgares y desproporcionadas, justo cuando Morena necesitaba soltar el manotazo.
Terminaron convertidas, metafóricamente, en la mesa.
Es el viejo principio: “Te lo digo, Juan, para que lo entiendas, Pedro”.
Después de este episodio quedó clarísimo que las palabras de la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes, no fueron una opinión personal, un exabrupto ni una frase lanzada al aire.
Fueron el aviso.
Volvimos al viejo modelo: la decisión en Presidencia, la ejecución desde el partido y la operación en Bucareli.
La Comisión Nacional de Honestidad y Justicia solamente se encargó de ponerle membrete, número de expediente y medidas cautelares.
Aun así, hubo diputados que no entendieron el recado y se atrevieron a sostener que Palomares y Salvatori todavía podrían ser votadas en 2027 y no botadas de Morena.
Los verdaderos destinatarios no estaban únicamente en las curules del Congreso de Puebla. También despachaban —y despachan— desde los palacios de gobierno de todo el país.
Para que nadie se haga bolas rumbo a 2027.
Ahora bien, aquí viene el remate de toda esta historia: ¿Quién definirá las candidaturas a las gubernaturas y a las alcaldías de las principales capitales y ciudades del país?
Salvo un cambio de última hora, todo se decidirá en Palacio Nacional y se operará desde Morena.
Puebla no es una plaza menor. Es el centro de la cuarta zona metropolitana más poblada del país. No son Tehuitzingo, Chichiquila o Huehuetla (no es discriminación) los municipios que quitan el sueño en Palacio Nacional. Las cuentas grandes pasan por Puebla capital.
La Angelópolis influye política, económica y electoralmente en toda la zona conurbada. Así que, cámara: ya se la saben. Después no se hagan los sorprendidos.
¿Quién es, hasta ahora, el mejor posicionado en la capital? ¿Quién encabeza las encuestas?
José Chedraui Budib.
Pero esa es otra historia.