En los próximos días, el alcalde José Chedraui Budib deberá definir si realmente busca la reelección o cederá el espacio. Si opta por lo primero, es porque proyecta su futuro político o el del grupo que representa. Desaprovechar la coyuntura sería como fallar un gol en el área chica y sin portero; como diría el clásico: “era suya y la dejó ir”.
Chedraui tiene seis meses para operar como «Santa Claus», recorrer la ciudad, revertir sus negativos y, lo más urgente: cambiar la percepción de inseguridad que mantiene a Puebla entre los 61 municipios prioritarios del país.
El pasado martes, la presidenta Claudia Sheinbaum citó en Palacio Nacional a los ediles de estas demarcaciones críticas. La Angelópolis, por supuesto, no podía faltar a esa fiesta.
Aunque la responsabilidad no es exclusiva de Chedraui, los datos son implacables. La violencia escaló desde 2023 y se recrudeció en 2024 (tiempos que gobernaba el PAN la ciudad).
El punto de quiebre ocurrió el 5 de abril de ese 2024, cuando la «Operativa Barredora» (brazo armado del CJNG) abandonó un vehículo en el Periférico Ecológico con siete cuerpos: cinco decapitados y uno desmembrado. Cada uno con mensajes que adjudicaban el crimen. No fue un hecho aislado; fue una declaración de control territorial.
En su momento, las autoridades estatales minimizaron el evento como un «conflicto entre bandas», omitiendo siglas de cárteles. Sin embargo, para enero de 2025, el secretario de Seguridad Pública estatal, Francisco Sánchez González, reconoció la operación de siete grupos criminales en la entidad, destacando a la Barredora, el Cártel de Sinaloa y la Familia Michoacana. Apenas en febrero de 2026, se confirmó nuevamente la presencia del CJNG en diversos municipios.
La narrativa de inseguridad no es nueva, pero la famosa «Carpeta Púrpura» ratifica a Puebla en el ojo del huracán. Si Pepe Chedraui pretende cambiar la percepción, debe actuar de inmediato. No es solo su permanencia en la boleta lo que está en juego; es la viabilidad de Morena en la capital y su zona conurbada para el próximo ciclo.
Chedraui debe mostrar músculo político ya. En este tablero, las ilusiones son efímeras —basta ver al eterno aspirante Rodrigo Abdala, experto en dejar pasar oportunidades—. El alcalde debe entender que, en política, quienes esperan su caída no siempre están en la acera de enfrente; a veces, están sentados en su misma mesa.
En caso de no ir, debe escoger a su verdugo; este no se encuentra en la oposición —que hoy luce sometida, entregada y pulverizada—. Como diría el italiano Giulio Andreotti: “En política hay amigos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales y… compañeros de partido”.