A finales de 2024, cuando ya se había instalado la administración de Alejandro Armenta Mier, un personaje —molesto porque había caricaturizado a políticos y periodistas en aquellas columnas del Licenciado Fojaco— me escribió en redes sociales. No llegó a la amenaza, pero estuvo cerca.
Lo busqué en privado y le aclaré que jamás había pensado en él. Tranquilicé el ambiente. Para ser honestos, ese personaje nunca fue importante: rara vez lo leo y pocas veces aparece en alguna conversación o es citado por alguien del poder preocupado por lo que haya dicho. Claro, eso último no se lo iba a decir. Pero era cierto: nunca había considerado escribir sobre él.
El juego del Licenciado Fojaco era, en esencia, una caricaturización de todos: políticos, proveedores de obra pública, factureros, periodistas ansiosos por quedar bien con los jefes de prensa; periodistas convertidos en nuevos orejas o espías del sistema que comparten capturas de pantalla; directores de comunicación social que hacen negocios creando medios alternos o que piden un diez o veinte por ciento; los que pellizcan de los sobres de los reporteros; jefes de prensa que, sin que su jefe se entere, salen con el clásico: “hubo recorte, hermano”.
Operadores políticos que aseguran que te sentarán con el candidato y ni lo conocen; extorsionadores; encargados de movilizar; los que reparten las tortas en los mítines; compadres; galleros; quienes cobran piso a los ambulantes; porros universitarios…
Algunos reporteros que hasta le apartaban la silla a algún director de prensa, jefes de prensa que gritan: “¡presidenta, presidenta!” en vez de estar atentos a su área.
En fin, de todos. Incluso del que esto escribe.
A veces era catártico: al caricaturizarnos, el Licenciado Fojaco aligeraba la carga, ayudaba a soportar. No había alguien en particular, pero sí hubo quien se sintió aludido y confrontó a este columnista. Además del ya mencionado, hubo otros. Por eso dejé de escribir sobre Fojaco: porque no faltaba quien le ponía nombre y apellido a hechos cuando, en realidad, la inspiración no era un individuo, sino el ecosistema político.
¿De dónde surgió el Licenciado Fojaco? Vale la pena contarlo.
Sí, existe un licenciado Fojaco que despacha como delegado de Gobernación federal en Puebla. Desconozco si se parece al personaje que describí y, por supuesto, no tiene nada que ver con él. La única coincidencia es el apellido. Pudo haberse llamado Munive y sería el Licenciado Munive; o Pérez, y sería el Licenciado Pérez.
Corría 2023. En un programa de radio —cuya estación no logro recordar— un lector de noticias dijo, muy orondo: “El licenciado Popócatl deja la delegación de Gobernación federal para entregarla al licenciado Fojaco, quien viene en representación del licenciado Adán Augusto López Hernández (hoy en plena decadencia política), y su papel será empujar al licenciado Mier Velazco”.
Ese episodio lo comentamos Mario Alberto Mejía y yo y nos reímos por lo pueblerino de la escena. En tono de burla empezamos a llamarnos “Licenciado Popócatl” y “Licenciado Fojaco”. Se sumó el licenciado Malagón —personaje de Estas ruinas que ves, de Jorge Ibargüengoitia— y, en uno de esos días en que no tenía nada que escribir, siendo director de 24 Horas Puebla, decidí ridiculizar alguna escena. En la columna jugué con los licenciados: incluso apareció un licenciado Madariaga.
Cada que podía regresaba a Fojaco. La gente empezó a escribirme y a contarme cómo operaban ciertos juniors en la política. No había una historia lineal ni capítulos; era más bien un espejo roto. Incluso hablé de un periodista que, en la cantina, enseñaba encuestas para gritar: “#esfojaco”.
Hubo quien se divirtió y entendió que no era personal. Hubo quien se sintió aludido. Hubo quien lo consideró antiperiodístico.
Recientemente, ahora que algunos asesores de imagen inventaron el “examen sorpresa” o el “Genoveva, te amo”, el Licenciado Fojaco volvió. Esta vez, con inteligencia artificial: bardas con el Licenciado Fojaco en redes sociales. Y es que, entre operadores, nunca falta el impresentable o el licenciado que quiere hacer negocio en esta temporada (pre)electoral y engaña a su asesorado, pero esa es otra historia.
En fin, hecha la aclaración: que nadie se sienta aludido… o sí.
Todos somos Fojaco hasta que se demuestre lo contrario.
Y rumbo a 2027: #EsTiempoDeFojacos #VaFojaco
P.D. Y sí, para consuelo de muchos, a veces yo mismo me retraté ahí.