A la presidenta de Coparmex Puebla, Bety Camacho, le dio por descubrir una nueva vocación empresarial: la banquetería.
El debut, sin embargo, no fue de mantel largo.
Durante la junta de Consejo realizada en la Universidad Anáhuac, celebrada la semana pasada, Camacho se estrenó como proveedora del banquete. Pero el servicio no terminó en aplausos, sino en platos regresados, caras largas y fotografías incómodas.
La carne servida en el evento, de acuerdo con imágenes compartidas a este aporreador de teclados, presentaba un color verdoso que encendió las alarmas entre varios asistentes.
No era un asunto de sazón, de término de cocción o de gusto personal. La comida, a simple vista, se veía en mal estado.
El quemón fue de antología.
En la mesa estaba nada menos que Juan José Sierra Álvarez, dirigente nacional de Coparmex, quien terminó siendo testigo de un episodio que dejó mal parada a la representación patronal poblana.
Pero la carne verdosa no es lo más grave.
Lo verdaderamente escandaloso es el presunto mecanismo de autoconsumo: Bety Camacho, como presidenta de Coparmex Puebla, participa en un evento institucional de Coparmex, ofrece el servicio de banquete con su propia empresa y el costo se carga al propio organismo empresarial.
Dicho en corto: la presidenta se habría comprado a sí misma.
Negocio redondo.
No le pierde por ningún lado: preside, decide, sirve y cobra.
Y de pilón: un filete con puntos verdes.
Una cosa es encabezar un organismo empresarial, quedar bien con el gobernador en turno —como ahora ocurre con distintos organismos patronales— y “defender”, cuando conviene, los intereses del sector privado.
Y otra muy distinta es aprovechar el cargo para abrir mercado, acomodar servicios, colarse en cumpleaños de líderes empresariales, eventos privados y actividades vinculadas con el gobierno.
Y rematar con carne de color verdoso.
Bety Camacho parece haber entendido rápido esa vieja máxima del poder aldeano: el membrete sirve para la foto, pero también para la factura.
Diría Shakira: los empresarios no lloran, nomás facturan.
Lo que ya empieza a comentarse entre empresarios poblanos es el nuevo apetito banquetero de la presidenta de Coparmex. Sobre todo, porque en ese mercado hay firmas con trayectoria, experiencia y nombre propio, como los Espina, dueños de la Hacienda de San José Actipan, quienes durante años han sido referencia en eventos empresariales.
Ahora resulta que quien debería representar a los empresarios también quiere competirles desde adentro.
La pregunta cae sola: ¿Bety Camacho preside Coparmex Puebla para defender a sus agremiados o para convertir la agenda empresarial en catálogo de clientes?
Porque, por más perejil (pápalo o pipicha) que le pongan encima, el tufo no se disimula.